De vuelta del puente

 

La semana pasada me llamó una conocida del cole para decirme que se iban de puente.

“Pues qué bien, Fulanita, y ¿a dónde vais?”

“A Cadiz, al cumpleaños de una tía. Nos vamos todos, sabes, Menganito y yo, y los tres peques”.

“Ah, mira que bien…” Y para mis adentros pensando, ¿Por qué me estará contando esto a mí ? Que yo sepa no conozco a nadie en Cádiz….

“Pues estoy un poco preocupada, verás…. Es la primera vez que dejamos sola a Rachel (*) en casa.”

Respiro algo aliviada aunque intento que no se me note, porque acabo de entender por qué me cuenta esto a mí, y no es porque quiere que me quede con sus tres terremotos niñ@s durante el puente. 😉

“No te preocupes, seguro que todo va bien, pero si te quedas más tranquila…” Lo que más me gusta es que para tranquilizarla no tengo que mentir.

No es ninguna tontería, la primera vez que dejas sola en casa a la aupair, por muy maja y de confianza que te parezca, pueden venirte a la cabeza escenarios dignos de una peli de terror: se deja la puerta abierta al salir (y alguien entra a robar, por supuesto), o se trae a alguien que ha conocido en un bar a dormir a casa, o se pasa la tarde refitoleando entre tus cosas.

Son escenarios poco probables, pero que siempre se queda uno más tranquilo si los evita. Ideas en este sentido:

1. No dar por sentado que la au pair sabe lo que se espera de ella durante su fin de semana de Rodríguez si no lo habéis hablado antes. Por ejemplo, si es importante que vuelva a casa a una hora determinada, que la casa no esté sola de noche, que ponga la alarma, etc. Mejor hablarlo, sobre todo si la au pair viene de uno de esos lugares (¿cuántos quedan?) donde no se cierra nada con llave.

2. Guardar bajo llave aquello que no te gustaría que nadie viera. Sin ser Barba Azul, todos tenemos en casa alguna cosa de carácter privado que no queremos compartir y, en el caso de joyas o dinero, quien quita la tentación quita el peligro.

3. Poner algunos checks para confirmar que todo va bien. Puede ser tan sencillo como, confirmar en el móvil que la alarma está puesta de noche, llamar a la aupair para preguntarle qué tal va todo y, en caso de duda, pedirle a un vecino que se acerque por casa un rato.

Probablemente a la au pair no le extrañe ni le cause preocupación pero, si pregunta, es importante hacerle ver que no se  trata de una falta de confianza, per se, sino de una reacción natural ante la idea de dejar a una persona sola en casa por primera vez. Y ya de paso, que la confianza es una planta que crece sola, siempre que se riegue un poquito.

(*) la au pair, nombre cambiado

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