Licencia para quejarse

Hace unos días tuve la oportunidad de escuchar opiniones de un grupo de au pairs que llevan algo menos de un mes en sus familias en Madrid. De las siete au pairs, todas ellas jóvenes de diversas nacionalidades europeas, cinco tenían quejas muy concretas sobre su estancia:

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Cogidas una a una, no dejan de ser anécdota pero, cuando las analizamos juntas, plantean problemáticas en 3 ejes concretos: la Confianza, la Comunicación, y las Expectativas.

No me han dado las llaves”. Es sin duda la que más me sorprendió, quizás porque no la había oído antes. Cabe la (remota) posibilidad de que haya caído en una familia de despistados, que ni el padre ni la madre hayan pensado que la au pair necesitará llave de casa pero, eliminando esta opción, queda nada más un tema de confianza, en cuyo caso uno tiene que preguntarse, ¿quién confía sus hijos a alguien a quien no está dispuesto a confiarle las llaves de su casa?

Los padres siempre llegan tarde.” Este es un problema de libro, un básico de la buena comunicación y respeto mutuo. Si vas a llegar tarde, avisa. Y si es una situación recurrente, por ejemplo si tu hora de salida del trabajo y tu hora estimada de llegada a casa resultan ser la misma hora, igual es buena idea revisar los horarios de trabajo de la au pair.

La casa es grande pero mi cuarto es muy pequeño.” Conviene recordar, antes de perder la paciencia, que las au pairs son chicas muy jóvenes, que están acostumbradas a vivir en casa con su propia familia, y que les puede extrañar pasar a formar parte de un contexto diferente, en el que no son ellas las hijas de la familia.

Son muchas horas con los niños.” Tema claro de expectativas, deberíamos estar hablando exactamente del mismo número de horas pactadas, ni más ni menos. Y siempre dentro de la legalidad, por supuesto, máximo 30 horas/semana en España ¿Qué son muchas? Sí. Pero la au pair no es una amiga, es una persona a la que se le retribuye su trabajo, y por eso se espera que se lo tome en serio.

El niño es frío conmigo/ llora cuando la madre se va.” He dejado este para el último porque me parece con mucho el más importante. Entre adultos se pueden sentar expectativas claras, pero los niños son diferentes, y van a su ritmo. Un niño de tres o cuatro años va a llorar cuando su madre se vaya, dejándole con un extraño. Cualquiera que no entienda eso, o no ha pasado ni cinco minutos con niños antes, o tiene la empatía de un cactus. Y un niño es “frío” hasta que te ganas su confianza. Lo que hay que darle a la au pair, si no lo trae ella ya de fábrica, son las armas para ganarse la confianza del niño o de los niños lo antes posible. Si no lo consigue, ese es otro capítulo…

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